miércoles, 14 de noviembre de 2012

Letras que quisieran fueran mías...

Así es Elegía de Miguel Hernandez, poema que escribió ante la prematura muerte de su amigo Ramón Sijé.  Un escrito arrepentido ante la imposibilidad de haberle pedido disculpas antes de su muerte.  Pero a su vez, es un escrito amoroso hacia un amigo entrañable, que le abandona y a quien tanto le debe.

Cuando se ha perdido a alguien entrañable, jamás se dejan de construir conversaciones, jamás se deja de desear tenerlo al lado para contar los días de las vidas.  

Un escrito de Miguel Hernandez, se que Antonio lo amaría más que yo, pero soy yo quien le dice ahora "compañero del alma, compañero"

En Orihuela, su pueblo y el mio, se nos ha muerto de rayo Ramón Sijé, a quien tanto quería.

Yo quiero ser llorando el hortelano, de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma.  ¡Tan temprano!
Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin instrumento
a las desalentadas amapolas
Daré tu corazón por alimento, tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler, me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado
No hay extensión mas grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida
Ando sobre rastrojos de difunto, y sin calor de nadie y sin consuelo, voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano está rondando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta. No perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta, de piedras, rayos y hachas estridentes, sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero mirar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera, y desamordazarte y regresarte
y volverás a mi pueblo y a mi higuera, por los altos andamios de las flores, pajareará tu alma colmenera,
De angelicales ceras y labores
volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores
Tu corazón, ya terciopelo ajado llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero
que tenemos que hablar de muchas cosas
compañero del alma, compañero